Cuidar el cuerpo no es un acto de vanidad

Vivimos en una cultura que nos enseñó a separar lo espiritual de lo
físico, como si el alma importara más que el cuerpo. Sin embargo,
todo lo que somos se expresa a través de este cuerpo que
habitamos cada día.


Nuestro cuerpo no es solo un vehículo que nos transporta; es el
lugar donde experimentamos la vida, donde abrazamos, servimos,
trabajamos, amamos, soñamos y cumplimos nuestro propósito.
Cuidar el cuerpo no es un acto de vanidad. Es un acto de
responsabilidad.


Cada hora de descanso, cada alimento que nutre, cada paso que
damos para fortalecernos, cada decisión que favorece nuestra
salud, es una forma de honrar la vida que nos fue confiada.
La espiritualidad auténtica no busca escapar de la realidad física; la
transforma. Nos invita a vivir de manera integral, alineando mente,
emociones, espíritu y cuerpo.


No podemos aspirar a una vida plena mientras descuidamos
aquello que sostiene nuestra existencia diaria.


Asumir la responsabilidad de nuestra salud también es una
decisión espiritual, porque reconoce que lo que hacemos con
nuestro cuerpo impacta nuestra energía, nuestra claridad, nuestra
capacidad de amar, servir y cumplir nuestra asignación en la tierra.
La pregunta no es solamente: ¿Cómo está tu espíritu?
También es: ¿Cómo estás cuidando el templo donde ese espíritu
habita?


La integridad comienza cuando dejamos de dividir lo que Dios
diseñó para funcionar en unidad. Es ahí donde encontramos el más
grande poder que nos fue otorgado el ser uno; coherencia y
congruencia integral, ahí es donde nace la verdadera sanidad. Por
eso Nutrete y Sana


Tu nutrióloga , Mayra Barrales

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